alma marchita y voz cansina,
paso aletargado y manos temblorosas,
canción del alma, calma imperiosa
corazón arrebatado y tiempo enajenado,
conceptos vagos y lenguas afiladas,
rumores como zumbidos,
silbidos y latidos
Llantos amargos que cierran gargantas,
sudores fríos que corrompen el alma
y el espíritu que no calla
si deja yacer en su lecho la calma
Pobres y errantes sollozos
que no encuentran consuelo entre nosotros,
más vale desgarrar lo que le sirva
para olvidar todo aquello que la consigna
y que sea pecado si quiera nombrarla
y que sea morboso tan solo recordarla,
que la justicia impune lo deje
para no reconstruir la escena que hoy la somete
que nadie sepa nunca lo que le ha ocurrido
que su piel tan virgen no toque ni un cuchillo
que siga durmiendo así bella y tranquila
y que nada la perturbe de su sueño ladino
culpa suya engatusar a un desconocido
culpa nuestra creer que había crecido
culpa del mundo por crear a ese villano
y que impotencia que aquel ser humano
se convirtiera en cerdo, maldito y macabro
en el momento en que encima le puso su mano
sesgó su inocencia, como un vil mercenario
ahora camina a su casa,
tal vez encienda una fogata y se caliente la cara
tal vez lave sus heridas y directo a la cama
con la conciencia limpia de una realidad alterada
mientas nosotros tendremos que ocultar
en un baúl muy fino a la joven princesa helada