el simple llamado de tu voz en la oscuridad obscena de la
noche,
el llamado desesperado de una alma desesperada,
la agonía de un alma perdida y una sombra en pena,
es el rabillo del ojo capturando la esencia.
Toda noche, toda niebla, toda nube y toda lluvia,
toda cosa podrida que impregna mi nariz,
todo humo rancio y olor a encierro que mancha mis ropas,
toda escaza esperanza que contamina mi ser.
Sollozos, gritos, quejidos, gemidos
mal trechos rasguños de dedos partidos,
pobre la fuente de todo sufrimiento
que reserve alma porque es largo el castigo,
la noche es larga, la docena eterna,
el frio baja y no sosiega.
que calma caminar por las penumbras
que calma respirar a estas horas
que calma recorrer estos senderos
con esos ojos enormes fisgoneando al caminante
errante de pasos firmes, pero más que todo errante
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